EL MAYOR RETO DE UNICOR: CONTRIBUIR A LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL DE CÓRDOBA.

En días pasados el rector de la Universidad de Córdoba, Jairo Torres Oviedo, anunciaba al mundo con el pecho henchido de orgullo, los nuevos éxitos logrados con «el macroproceso de investigación», fortalecido con la creación de la Vicerrectoría de Investigación y Extensión en esa institución.

Torres explicó que la creación de esta vicerrectoría es una de las gestiones más importantes de su administración, y es el motor que ha logrado el reconocimiento de Colciencias por haber duplicado la universidad la cantidad de grupos de investigación, al pasar de 1 a 5 grupos en categoría A1, de alto nivel, y de 7 a 11 grupos en la categoría A.

Adicionalmente, informó Torres, en la categoría investigador Senior (la más alta), la Universidad de Córdoba pasó de 10 a 14 docentes con esta distinción; y en la categoría Asociados, pasó de 24 a 47 docentes, lo cual significa que el 34 % de los profesores de planta de la Universidad de Córdoba son investigadores científicos y académicos, reconocidos por Colciencias.

Sin embargo, a pesar de alardear por estos logros, de afirmar que estos grupos de investigación, en cada una de sus categorías, «tienen una mirada en el entorno y en el desarrollo territorial», y de anunciar con «voz triunfal» que de 14 convocatorias de Colciencias para la región Caribe le fueron adjudicados tres proyectos propios a la Universidad, es necesario precisar que esta es una cifra poco alentadora para el esfuerzo presupuestal que le demanda a la universidad la formación de esta élite de investigadores.

Quien lea desprevenidamente la información anunciada a los medios, pensará que Torres ha hecho un trabajo fuera de serie en Unicor y que su llegada fue la salvación para nuestra alma máter, pero un análisis apenas somero nos arroja cifras en rojo.

Sea lo primero decir que en la universidad, de acuerdo a lo revelado por su rector, no hay tal «macroproceso de investigación» sino un proceso de formación de investigadores, que todavía no ha dado los frutos que corresponderían al presupuesto invertido en la cualificación del 34 % de los profesores de planta que tienen esa calidad.

Pero, además, y esto es lo más grave, el conocimiento de esos investigadores no se ha visto reflejado en la transformación social de las distintas regiones del departamento de Córdoba, que en su mayoría tienen vocación agropecuaria, dos áreas en donde Unicor es tradicionalmente reconocida.

Esto, a pesar de que su presupuesto se nutre, además de los recursos transferidos por la Nación, de los recursos generados por la estampilla Pro-Universidad, de las matrículas, de la solidaridad privada a través del Plan Padrino y de otras ventas de servicios.

Hace alrededor de 4 décadas, cuándo la U no tenía ni los recursos ni el número de investigadores que hoy tiene, los estudiantes de Veterinaria y Agronomía para poder graduarse debían prestar un servicio social a los pequeños y medianos productores del campo cordobés. Este requisito fue eliminado, aparentemente, porque los gobiernos de esa época decidieron que los estudiantes próximos a graduarse, además de la asistencia técnica, enseñaban «marxismo» a los parceleros y pequeños productores.

Una decisión similar a la que tomaron, por la misma época para suspender las acciones contra la Malaria en las regiones consideradas como Zona Roja, en el Alto Sinú y el San Jorge, principalmente.

En ese entonces, por lo menos se sentía la vocación de los cordobeses, aún los de las regiones más apartadas, por cultivar productos como algodón, maíz, sorgo, cacao y otros de pan coger que contribuían a su economía y por supuesto a mejorar la economía del departamento.

Hoy, salvo por el esfuerzo de grandes inversionistas, en los patios de nuestros parceleros no se ve ni una gallina y menos un par de vaquitas en sus potreros que los ayude a sobrevivir de esta pobreza extrema que nos agobia, a pesar de ser este un departamento rico en tierras fértiles, ríos, ciénagas y un mar que envidiaría cualquier ciudadano del mundo.

El objetivo de nuestra universidad no puede seguir exclusivamente orientado a la «caza» de las grandes convocatorias de Colciencias y de las otras entidades nacionales e internacionales, necesitamos que su recurso humano calificado se dedique a la investigación, fomento y transferencia de tecnología a nuestros pequeños y medianos productores y a nuestra población campesina, de modo que para ellos haya lugar para la esperanza.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *