ELÍAS BECHARA… ¡LA ÉPICA DEL FUEGO!

Dedicado a la memoria del Dr Elías Bechara Zainúm, en el centenario de su natalicio (10/12/1920), y a quienes construyeron con él una buena parte de la historia de Córdoba, a sus hijas e hijo y a sus compañeros de lucha que hacen posible que el legado continúe.

Por: Morgan Ignacio Jiménez Bula

Revistaprisma.com.co

Sólo escuchar su nombre resulta: ¡Evocador!

ELÍAS BECHARA ZAINÚM es la antorcha misma de Córdoba cuya llama no se extingue, es más que la conjugación armoniosa de simples signos, Es un nombre que evoca gestas… es el fuego mismo, que inspira un legado que transforma vidas y cristaliza sueños todos los días, es un nombre que se funde con la historia de Córdoba, es la historia de la educación.

Elías Bechara Amalgama con su estirpe al hombre Sinuano, a ese de una sola palabra (que era más que una Escritura Pública), fue un hombre con visión de futuro, de pactos para cumplirse, que inspiró confianza y seguridad, de una sola pieza.

Lorica, su terruño natal de los años 20s del siglo pasado, se le hizo pequeño, del tamaño del provinciano que no tenía dónde estudiar, desarraigado de su familia y de sus alegrías de infancia viajó a Cartagena, migró a vivir la espera anhelante de las encomiendas, el suspiro profundo por el terruño en la distancia, a vivir la doble discriminación de estudiante provinciano e hijo de extranjero a los que se les tenía prohibido radicarse en la ciudad.

De su apuesta por la educación daría cuenta su vida, aprendió a valorar su formación y a la Universidad Pública. En la universidad de Cartagena obtuvo el título de Químico farmaceuta y creció abriendo fronteras, viajó a México y Estados Unidos donde hizo estudios de especialización.

Se repatrió en Barranquilla donde halló la fórmula de su profesión y también la de su proyecto de vida. Se desempeñó como maestro-investigador de la Universidad del Atlántico, logró en el laboratorio sintetizar la fórmula del retardador de la Penicilina a la que llamó: “Pensolvox”, la penicilina era entonces el antibiótico de última generación, de uso intensivo por su muy reducido espectro de acción, para la efectividad de un tratamiento debía ser inyectada cada cuatro horas. El mérito del joven Bechara fue hallar un efecto por doce horas, ampliando su espectro.

Como esas investigaciones realizó muchas otras e ideó nuevas fórmulas, que con su espíritu altruista las terminó donando a las Universidades del Atlántico y Cartagena, a las que sirvió con denuedo y dedicación desde la docencia, y otras a un sobrino suyo que le seguía los pasos; pero, la mejor fórmula de su vida no la halló en el laboratorio en Barranquilla, ni siquiera en las farmacias, no. La fórmula de su vida, la joven Saray Castilla -quien se convertiría en su esposa- era entonces secretaria mecano-taquígrafa de una muy reconocida oficina de abogados amigos suyos.

La joven Saray había quedado huérfana de padres a muy temprana edad y creció en un convento de monjas donde aprendió además del arte de vivir sobrio y distinguido, otras artes y manualidades.

Elías Bechara fue, inequívocamente, un revolucionario decidido a romper paradigmas, por eso no emparentó con otra familia de Sirio-libaneses como era la tradición de sus ancestros. Su romance con la joven Saray fue breve, les bastaron seis meses para conocerse y darse cita en el altar, ella no era su “media naranja” … fue -hoy lo sabemos todos- el “Polo a tierra” del visionario y del soñador.

Como ejemplo de capacidad y tesón se lo trajo a vivir a Montería, como enseñando el camino y para superar con creces el déficit de calor y ternura con sus suegros que la aceptaron como una nueva hija.

Había identificado claramente la vocación de servicio y la pasión por servir de su marido, entonces no le amilanarían los sacrificios si además estaban al lado de Abadalah Bechara y Rosa Zainúm, los padres y demás familiares de él.

Llegaron cabalgando sobre el pico del segundo auge de Montería, ahora convertida en la primera provincia del Sinú, erigida –además- como nueva capital del naciente departamento de Córdoba. Montería se había convertido en epicentro de obras de infraestructura, la construcción del Puente metálico, acueducto, alcantarillado sanitario, carreteables estaban en apogeo, la necesidad de ingenieros y mano de obra calificada atrajo a familias de inmigrantes franceses, italianos, Sirio-libaneses, Norteamericanos, entre otros…

A Elías Bechara le dolía el atraso, el analfabetismo y la visión conformista del hombre Sinuano, imbuido del paradigma, rezago del feudalismo, de “cuanto tienes cuantos vales” … el desalentador paisaje de “la vaca pastando”, hasta donde se decía que llegaba la esperanza de la sociedad pastoril y latifundista de la época.

Elías Bechara luchó para que el provinciano fuera citadino en su propio terruño, para que no padeciera la misma discriminación que padeció de estudiante. El provinciano de donde quiera que fuera…

Puso su horizonte bien alto, del tamaño del nuevo departamento cuyo nombre (en educación y cultura) se fundiría con el suyo. El paradigma no sería más “cuanto tienes cuánto vales”, en adelante sería “cuánto sabes cuánto vales”.

Nunca quiso ser ícono, las estatuas se limitan en el espacio y hasta se degradan con el paso del tiempo y en el olvido del egocentrismo de quienes no tienen decoro, de quienes desconocen la historia.

Elías Bechara fue un hombre humilde que hizo pequeñas cosas que le hicieron grande. Lleno de humildad y decoro, valores con los que realizaba sueños y transformaba vidas, valores que lo hicieron más grande todavía.

Nunca olvidó sus orígenes, a la Lorica de su parto, asiento de sus ancestros Sirio-Libaneses que se solazaron con su infancia en la entonces primera provincia del Sinú.

En testimonio de su gratitud le quitó la cruz y fundó el Instituto Técnico Agropecuario de Lorica para que se reencontrara con la provincia, con la vocación de sus tierras feraces y de aguas desbordadas. Uno de los pocos que existen en Colombia porque sus exigentes requisitos -aún hoy- no facilitan la creación de estos institutos, un ITA debía funcionar en una finca de 200 hectáreas, de su propiedad. Cuando se mofaban por “una de esas locuras de Elías”, consiguió la donación de la finca de 200 hectáreas, donde funciona aún.

Hoy el ITA de Lorica ya cumplió 66 años de fundado, inició en 1964 con 14 jóvenes que creyeron en el Elías visionario y soñador; y a los dos años optaron el título técnico de “Granjeros Vocacionales”.

Así se prendió la llama que motivaría la idea de la creación de una de las cinco universidades públicas de carácter nacional que hoy existen en Colombia…. ¡La Universidad de Córdoba!

Corría el año 1964, en pleno furor del gobierno del presidente, Guillermo León Valencia. Las protestas de los estudiantes eran crecientes por todo el país… en Montería grupos de jóvenes del Colegio Nacional “José María Córdoba” se sumaban a las protestas y entre sus reclamos incluían la creación de una Universidad Pública.

Elías Bechara se reencuentra con los reclamos y la lucha de los estudiantes, como gran visionario tenía una clara lectura de la necesidad del servicio; pero, también tenía claro que se requería el apoyo de un amplio movimiento que tuviera conciencia de esa reivindicación y apoya la dinámica del grupo de estudiantes denominado G-5, integrado por los jóvenes, Silvio Guzmán Pérez, Zoilo Pérez Godín, Jairo Petro Silva, Raúl Peniche Muñoz y Mario Nisperuza Moreno, quienes contaron con el apoyo de Jorge Farah Echeverry (QEPD), a quien se atribuye el diseño del escudo de la Universidad.

El G-5 realizaba entusiastas actividades que ambientaban la creación de la universidad, aunque también generaba la resistencia de la sociedad pastoril romo-sinuana que obviamente se oponía a la idea…

Tanto que en el proceso presentaron una proposición a la Asamblea Departamental de Córdoba presidida por el periodista liberal, José Santander Suárez Brango, de creación de una extensión de la Universidad Nacional de Bogotá en Montería… iniciativa que fue aprobada pero que no constituyó ordenanza y no obligó a la administración.

Elías Bechara rectificó el camino, sabía que sin la participación política no habría respaldo en el congreso de la República para crear una Universidad Nacional, se integró al movimiento de Unidad Liberal que lideraban entonces el Senador, Germán Bula Hoyos (RIP) y el Representante a la Cámara, Marcos Díaz Castillo (RIP).

Elías Bechara vino a construir un sueño, que era el sueño de todo un pueblo, fundar para el nuevo departamento su primera universidad pública y para que su capital tuviera toda la cohorte del servicio educativo, preescolar, primaria, secundaria y media académica y vocacional… para entonces ya tenía la dimensión de un hombre cívico, rodeado de un equipo de amigos que le apreciaban bien.

Estaba donde Dios quería que estuviera y con el respaldo de sus amigos fue presidente fundador de la Sociedad de Mejoras Públicas de Montería, Presidente fundador de la Corporación de cultivadores de Algodón de Litoral Atlántico (Coral), Presidente de la Junta proconstrucción de la Represa de Urrá, primer Presidente de la Junta Directiva del Hospital San Jerónimo de Montería, Presidente Honorífico de la Junta Procreación del municipio de Los Córdobas, al lado de su amigo, Jesús María Zapata, con un grupo de docentes liderados por el Profesor Gustavo Osío Buelvas funda el colegio de bachillerato nocturno, para que bogas, braceros, jornaleros, artesanos y en general, trabajadores y jóvenes en extraedad se educaran en jornada contraria.

En el empeño por diversificar la educación para el trabajo y formar técnicos impulsó la creación del Instituto Nacional de Educación Media y Diversificada (INEM) “Lorenzo María Lleras”… igualmente, participó en la fundación del Colegio, hoy Institución Educativa “Cecilia de Lleras”.

Su trabajo fue un pequeño laboratorio de vida, de grandes sueños que recababa pruebas, en la sangre misma de sus paisanos, de las causas de la marginalidad, de la resignación y los contagiaba de su amor por la Montería Moderna… La Montería de la que entretejía su mapa endémico en el microscopio y en la sociedad de mejoras públicas con su macroscópica visión de futuro.

Jamás se cansó de soñar, jamás se cansó de luchar, estaba donde debía estar y donde querían que estuviera los que le querían… Por eso lo hicieron concejal en Los Córdobas, un municipio que ayudó a crear al lado de los negros raizales a los que amaba porque soñaba que Córdoba creciera mirando al mar, que el hombre costanero fuera auténticamente libre en el vaivén del Caribe.

Por eso lo hicieron concejal de Cereté, quería a su gente, creía en el oro blanco, en el cultivo del algodón, coadyuvó en la creación y organización del gremio de productores y fue su primer presidente.

Por eso lo hicieron alcalde de Montería, la villa soñada, en la que echó sus raíces genealógicas. Porque concitaba paz política y soñaba en modelos de producción agroindustriales… Soñaba a Montería con distritos de riego y granjas de experimentación, amistada con el agua y llena de energía… con luz propia, pensando en clave de Urrá, administrada por hombres y mujeres educados y formados en su propio suelo.

Con familias unidas, no desarraigadas por la búsqueda de sueños bajo otros cielos… familias con técnicos, tecnólogos o profesionales, que convirtieran al naciente departamento en la despensa de una nación que se construía así misma hurgando en sus propias entrañas.

Fue concejal de Montería las veces que sus amigos quisieron, Senador de la República, para seguir luchando por la educación.

Elías Bechara fue un hombre del tamaño de sus sueños… sueños más grandes que el pico más alto de la ola del tercer auge de Montería, Más grandes que Córdoba, tan grandes, que no alcanzaron a hacerle sombra a su humildad y su decoro, valores que le sirvieron de fundamento al amor por su familia, a la que construyó de la mano de su amada esposa, Saray Castilla, con ternura y devoción, amando plenamente a su familia hasta identificarla con sus propios sueños también.

Fundó con ellos la primera Corporación de Educación Superior de Córdoba de carácter privada, porque el departamento necesitaba mano de obra técnica, tecnológica y profesional competente y calificada… La CESCOR fue el primer paso para la creación de la Corporación Universitaria del Sinú (CUS), abrió la puerta a la educación para el trabajo y dio origen al primer centro de educación superior de carácter privado en Córdoba.

La hoy Fundación “Elías Bechara Zainúm” Universidad del Sinú, transita el sendero de la Educación por competencias.

Ka Universidad del Sinú es el tributo vivo a la apuesta de toda una vida por la educación, pensado en grande para el desarrollo de Montería y Córdoba. Que sigue creciendo y fortaleciéndose, proyectándose a nivel nacional con sedes en Cartagena y Bogotá…

¡Para que la llama no se extinga!

Agradecimientos a quienes hicieron posible con su venia y relatos este homenaje inconcluso, especialmente a los periodistas, Francisco Martínez Ferreira, Rafael Carmona Almentero, a los Doctores: Alexis Jattin Torralvo,  Ilse Bechara, Jorge Escobar Aviléz, Jairo Torres, Luís Jiménez Espitia, Manuel Arteaga, Fernando Payares, Nemesia Margarita Ayub, Gustavo Osío y Zoilo Pérez Godín.

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