LUCHA CONTRA EL CORONAVIRUS: MÁS INFORMACIÓN QUE ACCIÓN?

Cualquier persona que desprevenidamente haga un rápido examen a las noticias y avisos publicados por los medios locales y los muchos portales alternativos que abundan en la web, podría llevarse una imagen tal vez equivocada de que en Córdoba y especialmente su capital Montería, estamos totalmente preparados para enfrentar la pandemia del Coronavirus y que por tal motivo esta acción institucional reducirá el número de pérdidas humanas a su mínima expresión.

Pero parece que la realidad es otra. Si bien es cierto que en el marco de esta estrategia se ha dispuesto un gran cubrimiento comunicacional con información oficial y mucha publicidad sobre el tema, también es cierto que contra la estrategia misma se levantan murallas difíciles de franquear que si no se enfrentan con decisión podrían llevarnos a una tragedia sin precedentes en nuestra historia reciente.

La primera de esas murallas es la CORRUPCIÓN, que se erige como la primera invitada en estas tragedias, como bien lo anota el distinguido neurocirujano monteriano Remberto Burgos de la Espriella en un excente artículo que con su venia también publicamos en nuestra revista.

LA PEOR ENFERMEDAD

Dice el ilustre médico que: «La corrupción, repetida impune en coro –como las mentiras repetidas muchas veces que terminan convirtiéndose en verdades–, genera modelos de imitación. No castigada, se enraíza y termina por germinar silvestre en campo abonado. De manera que sí. El coronavirus en un ambiente corrupto es, sin duda alguna, el peor padecimiento social de la era actual».

Y sigue explicando: «Tengo miedo, y aún así escribo. Me da escalofríos que aparezcan en estos tiempos como gérmenes oportunistas –verdugos sociales– los nuevos carteles: el de las mascarillas (N95), el del alcohol, el de los tapabocas y, por qué no: el de los respiradores. En las tragedias, los países más pobres convierten las ayudas humanitarias en caldo de cultivo para la corrupción. Es la catalizadora del caos social y de la hambruna».

Mediadas por esa corrupción vienen las acciones encaminadas a poner en ejecución la estrategia diseñada y entonces aparecen las dificultades para las compras de los equipos de bioseguridad para los médicos y el personal asistencial encargado de atender las emergencias, los anuncios de compra e instalación de camas UCI que no se cumplen en el tiempo requerido, los reactivos para el laboratorio de la Universidad de Córdoba, supuestamente habilitado desde hace una semana, algo trascendental para evitar el copamiento de nuestra capacidad hospitalaria, que no llegan, como tampoco se afina una coordinación ágil de las EPS en la toma y envío de muestras, para sólo citar algunos de los puntos neurálgicos en la lucha contra este nuevo flagelo que están fallando.

Y como si fuera poco, la distribución de mercados a familias humildes, comprados a precios exorbitantes, se distribuyen tan a paso lento, que algunos internautas anuncian agoreramente saqueos y desmanes de gente en busca de alimentos.

Ya algunos médicos y personal asistencial aparecen en redes anunciando que si no le entregan sus dotaciones de bioseguridad mejor se quedan en casa para conservar su vida, aparte de estar sufriendo de discriminación sin que las autoridades tomen control sobre estos asuntos.

Este es un SOS para nuestros gobernantes cordobeses, porque según algunos analistas, a partir de hoy se inician las dos semanas más críticas para la detección de infectados, que desafortunadamente según las predicciones superará con creces el número que podrán atender los hospitales y clínicas. Dios quiera que aquí no se repita la historia de Italia y España, donde los cadáveres de las personas, que no alcanzan siquiera llegar a las UCI, deben ser sacados a la calle por sus familiares porque en estos países del » Primer Mundo» la Pandemia les ha hecho tragar dolorosamente su prurito de sociedades poderosas.

¡YA ES HORA PUES, DE PASAR DE LA INFORMACIÓN A LA ACCIÓN. SI NO, QUE DIOS NOS LIBRE.!

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